Cada niño tiene su propia musicalidad en menor o mayor medida. Es una característica que se debe potenciar y desarrollar desde las edades más tempranas,
siendo la primera infancia la etapa más propicia.
Resulta muy sugerente y divertida para los niños/as, ya que están de acuerdo con sus intereses lúdicos y por tanto educa de una manera natural.
Desarrolla las capacidades del intelecto como la imaginación, la memoria, la atención, la comprensión, de conceptos, la concentración o la agilidad mental.
Desarrolla la coordinación motriz con movimiento de asociación y disociación, equilibrio, marcha, etc.
Desarrolla la discriminación auditiva aprendiendo sonidos y ruidos, recordándolos, reproduciéndolos.
Adquiere destrezas y medios de expresión corporales, instrumentales, gráficos, melódicos.
Desarrolla la locución y la expresión oral mediante la articulación, vocalización, control de la voz, el canto.
Controla la respiración y las partes del cuerpo que intervienen en la fonación y el canto.
La música contribuye a reforzar la autoestima y la personalidad mediante la autorrealización.
Elabora pautas de conducta que facilitan la integración social.
Ayuda a liberar la energía reprimida y consigue el equilibrio personal a través del ritmo.
Sensibilizar afectiva y emocionalmente a través de los valores estéticos de la música.