En un principio, es difícil detectar este trastorno porque no hay señales concretas que lo delaten, como evitar los alimentos, vómito o ejercicio excesivo. Es más, las
omisiones de insulina pueden confundirse por parte de los familiares o incluso los doctores con descuidos del paciente. Es por ello que se debe estar atento ante
estos episodios:
Constantes "olvidos" de las inyecciones de insulina o se evita inyectarse ante otras personas.
Hospitalizaciones frecuentes por falta de insulina.
Altos niveles de hemogoblina glicosilada.
Pérdida o aumento de peso inexplicables.
Ganas de orinar constantemente.
Dificultades de concentración.
Preocupación excesiva por el peso y constante insatisfacción y distorsión de la imagen física.
Alimentación irregular, como restricción de alimentos, saltarse algunas comidas y atracones que generan culpa o ansiedad.
Depresión, ansiedad, cambios de humor y fatiga.
Cancelación frecuente de citas con el médico.
En el caso de las mujeres, menstruaciones irregulares o inexistentes.