Aunque los niños comienzan a hablar más fluido a partir de los 2 años, eso no quiere decir que nos tengamos que esperar varios años para detectar que algo anda
mal con su lenguaje.
Si conforme pasa el tiempo, distorsiona el lenguaje y es difícil entenderle cuando habla.
Tiene dificultades para la pronunciación correcta de algunos sonidos.
Omite determinados fonemas que no sabe pronunciar ("amón" por "jamón", "apato" por "zapato" o "pátano" por "plátano").
Sustituye unos fonemas por otros que le resultan más fáciles de pronunciar ("tero" por "quiero", "pezo" por "peso").
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Invierte las silabas, especialmente las letras s, z, gl o gn.
Abusa de los gestos y la mímica para expresarse.
No cierra bien las frases o no expresa correctamente los conceptos.
Repite de forma convulsiva una sílaba o varias durante la emisión de una frase.