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Comparar a los hijos afecta su autoestima

Comparamos aunque no queramos, es algo muy natural en nosotros. En el súper no compramos lo primero que se nos pone enfrente, consultamos diferentes precios, marcas y elegimos; al comprar la ropa, juguetes de nuestros hijos, etc. optamos por los de mejor calidad y precio; indudablemente tendemos a comparar para elegir entre una cantidad importante de productos de la misma gama.

A veces inconscientemente hacemos lo mismo con nuestros hijos, a quienes comparamos con los otros niños sin ponernos a pensar en el daño que les hacemos.

Al comparar le restamos valor a su desempeño, "eres un flojo, desobediente, irrespetuoso; deberías aprender de tu hermano que es tan inteligente, responsable" bla, bla, bla, esto genera una autoestima baja porque le estamos transmitiendo la idea de que es inferior comparativamente hablando con otros niños.

Todos esos adjetivos que lanzamos sin pensar el niño se los cree completamente así que crece con una idea equivocada de lo que representa; se va formando una actitud pesimista, no es capaz de reconocer sus cualidades, logros, su gran esfuerzo y valía; las comparaciones le impiden desarrollar su propia personalidad pudiendo deteriorase seriamente.

Por si no fuera suficiente, las comparaciones también despiertan envidia, sobre todo entre hermanos, llevándolos a los celos y a la lucha por el cariño y la atención de los padres. Aunque no lo creamos, un niño que esta siendo comparado con su hermano crece frustrado y resentido por no poder alcanzar ese nivel que a los padres agrada.

Y si creemos que el niño predilecto, aquel que es el modelo a seguir no esta libre de daño estamos equivocados, pues gracias a la actitud de los padres adquirirá una sensación de poder o dominio y buscará ser tratado en todos los lugares como lo hacen sus padres.

Es indudable que en cada uno de nuestros hijos vamos a encontrar diferencias ya que tienen su propia personalidad y carácter que de ninguna manera los hace ni mejor ni peor que el otro; es precisamente esa diferencia la que los convierte en especiales y la cual los identifica desde que son pequeños hasta que mueren, así que respetemos su individualidad.

Es cierto también que con algunos hijos nos identificamos mejor con otros, tal vez porque compartimos gustos y formas de ser similares pero eso no significa que porque se parezca más a ti es mejor; si ese es el caso trata de no exteriorizar ese sentimiento de preferencia, olvídate de frases como "Tu hermano si mi entiende, no que tu….."

Tengamos interés en conocer y valorar las virtudes, limitaciones, carácter, miedos, inquietudes y esperanzas de nuestros hijos; aprendamos a apreciar lo bueno que hay en él.

Con amor incondicional y afecto ayudémosle a descubrir sus aptitudes y talentos, impulsemos sus gustos, intereses y habilidades, fortalezcamos sus áreas de bajo desarrollo.

Realmente los padres somos afortunados tan solo por la dicha que causa ese privilegio y luego por tener hijos con tan marcada individualidad. Hagamos entonces un buen trabajo, aprendamos a hacerlos sentir satisfechos y no miserables.

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