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¿Y dónde quedó el amor propio de los jóvenes?

Una jovencita de 17 años que lleva un noviazgo ya de meses con un muchacho de 22 frecuentemente están pelando por la forma en cómo él la trata, tiene varias "amigas", se burla de ella y regularmente toma alcohol en exceso. Ella recientemente se ha embarazado, se ha ido a vivir con él y pronto se casarán.

Otra jovencita de la misma edad que dejó la escuela a partir de que se casó, por cierto, con un muchacho mucho más grande que ella; ahora sus compañeros la ven por las tardes cuando pasan cerca del puesto de dulces y fritangas que tiene afuera de su casa.

Un jóven adolescente que a pesar de que su novia lo insulta, coquetea con otros chicos y recientemente se ha enterado de que ella ha estado viendo a otro chico, continua con ella porque la quiere mucho y no le importa que su novia se comporte así, dice que se acostumbrará.

El chico la terminó en público, ella se sintió humillada; después de un tiempo vuelven y continuamente existen desacuerdos y discusiones por varios motivos, entre ellos que él aún sigue de cierta forma relacionado con su ex novia.

Una chica que después de tener un grupo amplio de amigas y con quienes se la pasaba genial se ha quedado sola, pues ahora su única amistad la manipula, ella se ha alejado y no parece estar disfrutando de ello.

Un chico que por su baja estatura y otro por su bajo peso tienen algo en común: sus compañeros de clase los molestan, se burlan de ellos y los golpean.

Una relación que ella terminó por las no muy buenas intenciones de él, porque estaba con otras chicas al mismo tiempo y finalmente por sus adicciones, ahora esta pasando por su tercera oportunidad.

Y así, puedo estarles contado historias y más historias que he tenido muy cerca y que me llevan a preguntarme pero ¿Dónde habrá quedado el amor propio de estos jóvenes?.

Seguramente ustedes estimados lectores también han de tener otras historias que contar muy similares a las anteriores, y si sumamos y sumamos todas ellas llegamos a una cifra preocupante.

Al leer toda esta información podemos ver cómo andan nuestros chicos, de cómo siguen errando en sus decisiones por falta de amor y respeto a si mismos.

En la escuela ellos tienen cada vez mayor acceso a la información relacionada con los valores y donde indudablemente se habla del yo, la importancia de conocerme, quererme, entenderme. Pero parece que todo eso lo pasaron de noche porque no lo ponen en práctica.

¡Es que lo quiero mucho!, ¡Es que seguro va a cambiar!, ¡Es que así nos llevamos los cuates! siguen justificándose para caer en lo mismo y hasta claramente se conforman con una relación insana, como si no fueran capaces a esa corta y prometedora edad de estar con alguien que los aprecie, ame y respete.

El otro recurso y el más importante que tienen para aprender que es su familia también anda por la calle de la amargura. Es muy triste saber que como padres al igual que nuestros hijos seguimos cometiendo los mismos errores, por esos ellos actúan así; seguimos flojos y desinteresados en la formación de nuestros chicos, yo misma lo puedo ver en la pobre respuesta que tienen los foros y talleres de padres en la escuela de mis hijos, no nos interesa aprender, asistir, tomar esas oportunidades para ver como piensa mi hijo, qué siente, cómo puedo ayudarlo y cómo puedo orientarme para apoyarlo.

Y todas estas situaciones que se están viviendo entre los jóvenes no se acaban cuando el chico termina la escuela, son actitudes repetitivas a lo largo de su vida.

Imagínense entonces que va hacer de ellos en un futuro, que va hacer de esa sociedad que se esta formando con nuestros jóvenes, cómo va a ser posible que lleguen a ser buenos ciudadanos, esposos, padres con tanta falta de amor propio.

Pensando en toda esta situación los invito a que reflexionemos y lo hagamos en serio, conscientemente; somos responsables de la formación de nuestros hijos y continuamente se muestran nuestros avances y retrocesos en sus conductas, y todo esto que esta ocurriendo con ellos estimados lectores es visiblemente un retroceso nuestro.

Esforcémonos ahora por hacer bien nuestro trabajo para que el día de mañana no tengamos que lamentarnos por una hija a quien su novio o esposo la maltrata, por un hijo que sufre por una esposa infiel, por una hija abandonada por su pareja y que tiene que hacerse cargo de sus hijos, por una hija o hijo que anda en boca de todos por su pobre moral, por un hijo abusivo.

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